Aprende a ser selectivo

Todos los seres  humanos somos diferentes (afortunadamente), hasta los hermanos nos comportamos de manera única y en nuestra sociedad existen muchas personas que son capaces de perdonar graves faltas como robar, infidelidad, injusticias, intolerancia, groserías, faltas de respeto, pero al mismo tiempo es sorprendente que estas mismas personas no toleren ni soporten, el éxito de los demás, incluso hay personas que hasta les “hierve” la sangre, como se dice, al observar que hay gente más exitosa que ellos, que viven en lugares mejores y sean más felices. Lo más trágico es que a veces ni los han tratado social o laboralmente, o sea, ni los conocen bien, pero existe en ellos un sentimiento de rechazo, y hasta les inventan historias nada reales. 

Estas personas (los envidiosos), comúnmente utilizan ciertas frases con desprecio hacia los demás: “¿Y esa qué se cree, que se la pasa sonriendo todo el día? Parece tonta!”, “mi amiga adelgazó, pero en cualquier momento va a rebotar; de mí te acuerdas”, “a Sergio, se ve que le ha ido bien, pero de seguro han de ser puros negocios chuecos”, “Jorge se ve muy feliz, si supiera lo que yo sé de su esposa…”, “ni qué fuera tan exitoso, yo puedo hacer lo mismo que él en cualquier momento”, “ni ha de tener amigos, a nadie le cae bien…”

¿Han oído estas frases o estos comentarios? Lamentablemente esto se oye muy seguido. Mucha gente ansía encontrar lo malo del otro, cuando a veces no lo hay, no existe, pero los envidiosos se obsesionan en encontrarles alguna falla

Los invito a analizar lo siguiente: ¿cuántas “amistades” tienes que solo se dedican a soltar basura de los demás o algunos que ni siquiera te conocen, pero hablan a tus espaldas solo por ganar que alguien les ponga atención?}

 ¿Cuántos supuestos colegas, que te rodean, están más enfocados en nuestros errores que en su propio trabajo? (Conozco varios).

¿Cuántos jefes conoces que hacen hasta lo imposible por despedir a un empleado valioso, solo por sentirse opacados porque el empleado está más preparado que él?

¿Cuántas personas que están a favor de nada y en contra de todo, se la pasan criticando, pero escondiendo la cabeza como avestruces sin siquiera tienen el valor de dar la cara?

¿Cuántos maestros reprueban a sus alumnos simplemente porque los retan o por no estar de acuerdo con su pensamiento?

Todos estamos expuestos a estas críticas o a otras, simplemente por nuestro trabajo o porque vivimos en la misma área. Es asombroso que por la situación que estamos atravesando como País, más ahorita que, económicamente, la pandemia del Covid ha detenido y, en algunos casos, terminado con la economía de algunos, aparte con los altos índices  de  inseguridad, la pérdida de valores, el pobre sistema educacional, entre otros factores, están generando que cada vez se presente gente con depresión, que se siente traicionada, infieles, personas con ansiedad, sujetos demandantes, intolerantes, personas que golpean debajo de la mesa, violenta o abiertamente, y gente envidiosa que, con tal de figurar socialmente, aplasta a gente trabajadora, honesta y positiva.

Son seres que poseen una personalidad negativa y sin importar el buen nombre de los demás, su esfuerzo, y sin importarle “su amistad”, el prestigio del profesionista, la trayectoria de la empresa, “la amistad desde la infancia”, hacen lo posible y lo imposible con tal de satisfacer sus necesidades, atropellando al que se ponga en frente. Lamentablemente esto pasa en nuestro País y nuestra ciudad. Es una triste verdad y desafortunadamente estos seres humanos, en lugar de unirse para un bien en común de nuestra sociedad, se están haciendo garras unos a los otros.

Necesitamos despertar, abrir los ojos y darnos cuenta que existe gente peligrosa a nuestro alrededor, que crítica, cizañosa o envidiosa. Así que les pones límites o les retiras tu amistad y en ese momento los bloqueas de todas tus redes y de tu celular, a esa gente no la necesitas.

Muchas de las personas que viven en este nivel de energía tan bajo, donde esa cizaña, envidia y crítica forman parte de sus conversaciones diarias, no son más que fruto de la falta de amor y de seguro esa carestía viene desde su niñez.

Definitivamente, cuando no ha sanado sus heridas, una persona lastimada lastima.

Octavio Robledo León

Psicólogo clínico-tanatólogo

Teléfono de consultorio: 669 982 5236

Facebook: Tanatólogo Octavio Robledo

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